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El que grita todo el día e implanta el régimen del terror. Aunque, por fortuna cada vez son menos los jefes que pretenden hacer mover su equipo a punta de gritos y amenazas pero de que los hay los hay aunque pocos. Y cada vez, se consideran más especimenes en vías de extinción. Sus empleados, no los respetan, establecen tácticas para no escuchar sus alaridos, no les interesa colaborarles y cada vez creen menos en sus amenazas. Los tiempos de “porque yo soy el jefe”, ya cambiaron ya hora se ve más la parte humana.
El que represa todo en su escritorio. Vaya uno a saber si, es que le produce placer o se siente más poderoso si tiene millones de papeles encima de su escritorio. Y el problema no solo tiene que ver con el hecho de que bloquea y atrasa pagos de proveedores o comisiones, sino que este tipo de individuo es por lo general indeciso y no toma decisiones.
El que no respeta la vida privada. Quien ha tenido un jefe soltero; sin pareja, sin hijos y sin familia, sabe exactamente de lo que se está hablando. Como la vida de este personaje está centrada en su trabajo, pretende que pase lo mismo con sus subalternos. No le interesa citar a una reunión a las siete de la noche o pedir que trabajes fines de semana.
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